EL DESCONOCIDO BENNY

· Gaspar Marrero

· Ponencia presentada en el xxii Coloquio Voces de la República

Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena

Sancti Spíritus, 15 de mayo de 2019

Como se acostumbraba a afirmar en un programa radial que este autor escuchaba durante su niñez, “de Benny Moré hay que decirlo todo…”

Pareciera que, tras medio siglo desde el fin de su existencia física -breve, injustamente efímera: apenas cuarenta y tres años- no quedara una arista más para conformar el entramado que es ahora su vida. No son pocos los historiadores que le han biografiado: unos con más objetividad académica; otros, los más, comprueban tenazmente o aceptan sin reserva alguna cuanto le cuentan del llamado Bárbaro del Ritmo.

Cincuenta y seis años después de aquel trágico febrero de 1963, periodistas, melómanos, coleccionistas o simples admiradores descubren casi aplastados entre tantos materiales en anaqueles fonogramas hasta defectuosos, fotografías amarillentas y pies de celuloide salvados milagrosamente del letal síndrome del vinagre, olor a muerte fílmica que brota en cuanto se destapa el soporte metálico de un rollo cinematográfico olvidado. Definitivamente, hay otro Benny Moré. No es el del sombrero y el bastón -otro mito-, ni aquel que derrochó dinero para ayudar a su gente, ni quien osó decirle a un sorprendido y preocupado Pedro Vargas: “comience usted, que yo le sigo”. Ni el que aprovechó un descanso en uno de sus últimos bailes para compartir con el sobrio Barbarito Diez -“vamos a darnos un trago de los de nosotros”-, abría el saco, sacaba de su bolsillo dos caramelos y le daba uno.

Estas son facetas de ese ignorado Benny, de aquel desconocido Bárbaro, tan dispersas como las fuentes que nos lo revelan en el siglo xxi.

· ¡VAS A GRABAR CONMIGO!

Un mulato de nombre Bartolomé Maximiliano -véase el santoral del 24 de agosto- formaba parte del Conjunto Matamoros que, con el inmortal Miguel al frente, acababa de cumplir un compromiso artístico en México. Tenía veintiséis años recién cumplidos y había dejado atrás, en su natal Lajas, en Vertientes o en La Habana, una existencia de más miserias que alegrías. Bartolo (así le llamaban) se percató, a partir de una intuición inusual que siempre le acompañó, que el país de los aztecas era una excelente plaza: muchos músicos cubanos aprovechaban el auge del cine de rumberas -¡la época dorada del cine mexicano!-, donde, para completar el ambiente de cabaret y de la música afroantillana o tropical, se hacían imprescindibles grupos musicales en vivo. Ante tan sugerente panorama, el joven quema las naves y vende el pasaje de regreso a Cuba que le había entregado el viejo Matamoros. Decide quedarse.

Benny Moré con el Conjunto Matamoros en México. Foto cortesía del coleccionista e investigador cubano Roberto García.

Ya con su nuevo nombre de Benny Moré, empieza la lucha. Fieles a la tradición solidaria de los cubanos, el percusionista y compositor Silvestre Méndez, el guitarrista y autor espirituano Homero Jiménez y el bongosero Clemente Piquero Chicho le echan una mano. En esos trajines lo encuentra el contrabajista Humberto Cané. Su padre, Valentín, creador de la hoy mítica Sonora Matancera, lo había colocado en la agrupación como tresero, pero no le permitía hacer innovaciones propias de la juventud. Se va de la Sonora y de Cuba: marcha a México, aprende el contrabajo y organiza un conjunto. Andaba en busca de un cantante cuando se encontró a Benny:

-¿Ya tú has grabado discos?

-No, nunca -respuesta que abre incógnitas: ¿No le dio importancia a sus diez grabaciones anteriores con Los Matamoros? ¿Fue un recurso para abrir puertas? ¿Se refería a su nueva etapa como Benny? ¿O se trata de la versión magnificada del propio testimoniante?

-¡Pues vas a grabar conmigo! -afirmó Cané. Enseguida se puso al habla con Mariano Rivera Conde, director artístico de la RCA Victor de México:

-Tengo listo el conjunto…

-Eso está bien, pero lo malo es que no tengo cantantes.

-¡Ya tengo el cantante! Se llama Benny Moré… ¡y va a ser un fenómeno![1]


[1] Dionisio Sánchez Alvarado: “Entrevista a Humberto Cané”.


Al fin, el nombre de Benny aparecería impreso en la etiqueta de un disco: Mi negrita rumbera, guaracha de Homero Jiménez, fue la primera grabación y se distribuyó en la Serie Doméstica de la RCA Victor (70-7594)[2] en 1947, con circulación limitada al mercado mexicano. El disco no llegó a Cuba…


[2] Cristóbal Díaz Ayala: Cuba canta y baila. Enciclopedia discográfica de la música cubana. Vol. 2 (1925 – 1960).


· EL DUETO ANTILLANO

Poco a poco, Benny Moré alcanza renombre ante el público mexicano. Continúan sus grabaciones con el Conjunto de Humberto Cané -curiosamente con un timbre alejado por completo de la Sonora Matancera de su padre- y sus actuaciones con la orquesta del pianista cubano Arturo Núñez en centros nocturnos. Allí, Benny canta con frecuencia a dúo con otro de los vocalistas de la banda, el veracruzano Lalo Montané. Y sucede lo esperado-inesperado…

Lalo se percata de la necesidad de propiciar grabaciones del dúo, al que bautizaron como Dueto Antillano. Pero un inconveniente lógico y de tipo legal estuvo a punto de frustrar las gestiones fonográficas: Benny ya estaba firmado como Artista Exclusivo de la Victor y Arturo Núñez grababa para los discos Columbia. Es entonces cuando Homero Jiménez (quien luego desarrollaría una triunfal carrera en México como arreglista y director de orquesta, lo cual se desconoce en esta, su ciudad natal) salva la situación:

-Benny, ¡ponte mi nombre!

De esa forma quedaron en soportes fonográficos, entre otras obras, el bolero Siguiéndote, del pianista cubano Humberto Suárez (Columbia 1201), y un popurrí que se inicia con la segunda versión grabada de Pensamiento, obra cumbre del trovador Rafael Gómez Teofilito (Columbia 6375-X): la primera fue realizada en 1923 por Eusebio Delfín y Rita Montaner.[3]


[3] Gaspar Marrero: Presencia espirituana en la fonografía musical cubana, p. 18.


En 1947, Producciones Vial S. A. concluye la película Carita de cielo, dirigida por José Díaz Morales. El compositor cubano José Carbó Menéndez es uno de los guionistas de la cinta.

Transcribo la sinopsis:

Una joven que roba comida es llevada al ministerio público. Ahí es defendida por Julio, un profesor de universidad que decide exhibirla como ejemplo en su clase de teoría de ladrones. Después, la contrata como sirvienta en su casa. Su carita y su encanto no solo salvarán a la familia de grandes aprietos, sino que despertarán el amor del profesor.[4]

Junto a los protagonistas María Elena Marqués y Antonio Badú, debutan en el cine mexicano Benny Moré y la hoy mítica rumbera Ninón Sevilla. En una de las escenas, Benny canta Tuñaré, de Juanito Blez, con el guitarrista Homero Jiménez, el tumbador Mongo Santamaría y otros músicos, mientras Ninón baila con el cómico mexicano Fernando Soto Mantequilla.


[4]Carita de cielo. Ficha en: Festival Internacional de Cine de Morelia, 2019.


· SU PASIÓN POR EL SWING Y LAS VERSIONES DE SU NOMBRE

Esto lo contó Rafael Cueto, uno de los inmortales Matamoros. En cuanto Bartolo, el joven cantante que se había unido al grupo, supo que Cueto tenía toda la colección del músico estadounidense Glenn Miller, inició una costumbre: todos los días, antes de la cita en la emisora Mil Diez para el programa radial del Conjunto Matamoros, Bartolomé Maximiliano aparecía en casa de Rafael para escuchar todos los discos.

En cierta ocasión, un cine de La Habana estrenó la película Orchestra Wives -título nefastamente traducido a nuestro idioma como Las viudas del jazz-,[5] con Glenn Miller en el elenco y, por supuesto, su famosa banda como atracción principal. Cueto invitó a Bartolo a verla. Y, en medio de una de las escenas musicales del filme, el joven cantante toca con el codo a su colega:

-Tú verás que yo voy a tener una orquesta como esa…[6]


[5] En su testimonio, Cueto cita como título de la cinta La novia del jazz. Debe ser Viudas del jazz (1942). Consultar ficha en FilmAffinity, España.

[6] Neysa Ramón: “Cueto, el último de los Matamoros”.


Y aquí vuelven las conjeturas: casi todos coinciden en que Bartolomé Maximiliano asumió el nombre de Benny por su ídolo musical, el clarinetista Benny Goodman. En cambio, esta anécdota ordena las cosas. Las visitas diarias de Bartolo para escuchar los discos de Miller no las haría si su ídolo fuera otro músico. Y si su interés hubiera sido oír grabaciones de swing no insistiría en las de Glenn, una y otra vez.

Por fortuna, el disco casi siempre nos salva de embrollos -o nos enreda en más laberintos-. En Cuba apenas se ha escuchado el son montuno Dinero no más, original del cubano Mariano Mercerón, donde Benny canta con la orquesta del autor en México (RCA Victor, 23-1275, 10 de diciembre de 1948). Moré no era aún el director que sería en Cuba; sin embargo, la escucha del fonograma revela algo asombroso: la introducción y la coda citan la melodía de Collar de lágrimas (A String of Pearls), uno de los clásicos del repertorio de Glenn Miller. ¿Demasiada casualidad?

· LA LLORONA LOCA

A Tony Camargo, cantante tapatío nacido en 1926, lo han comparado con Benny. Según él mismo explicó, su señor padre quería que él se dedicara a las rancheras, los corridos y los huapangos, pero al jovencito le encantaban los ritmos tropicales. Tenía solo dieciséis años cuando comenzó en la música y en esos ajetreos conoció al cubano. Juntos actuaron en la compañía teatral del cómico Germán Valdés Tin Tan. He aquí recuerdos de Tony:

Él cantaba sus números, yo salía y cantaba los míos y luego cantábamos un número titulado La llorona loca con el enanito Tun Tun.[7]

Resulta que Moré, mientras yo estaba cantando, se iba al fondo y se ponía una sábana. Y como estaba tan grandote, y el Tun Tun estaba en el centro del escenario, cuando salía aquello, yo, en medio de mi actuación, me voy huyendo hacia el extremo del foro. Tun Tun seguía bailando y, cuando veía a La llorona loca, asustado corría hasta donde yo estaba, brincaba y yo lo tenía que cachar…[8]


[7] José René Ruiz Martínez (1932-1993), famoso actor y comediante mexicano.

[8] Ernesto Martínez Frausto: Entrevista con Tony Camargo.


Con la Orquesta de Chucho Rodríguez, Benny y Camargo efectuaron, que sepamos, tres grabaciones: el 5 de junio de 1951 llevaron a discos los boleros Esta noche, corazón (70-8597) y Sin razón ni justicia (70-8615), ambos del director de la orquesta e incluidos en la ya citada Serie Doméstica de la RCA Victor. Y La llorona loca, porro del colombiano José Barros basado en una leyenda popular del municipio de Tamalameque perteneciente al departamento del Cesar, en Colombia, aparece en un soporte sonoro del cantante mexicano. Una audición atenta permite descubrir, en el dúo, al Benny…

· LA GESTUALIDAD

Muy cierto: las huellas de Moré en el cine mexicano son escasas. Lo más cercano a su compilación filmográfica se resume en un texto biográfico y discográfico del musicólogo e investigador José Reyes Fortún.[9] En total, doce películas, en muchas de las cuales ni siquiera aparece su crédito y en otras solo se escucha su voz. Acerca de ello el autor abundará en breve.


[9] José Reyes Fortún: El arte de Benny Moré. Ofrenda criolla ii. La Habana (Ediciones Museo de la Música), 2009, pp. 243-247.


No obstante, en muchas de sus escenas se aprecia cómo el cantor, a veces sin mediar palabra, se integra a la trama con gestos y expresiones oportunas. Recordemos su interpretación del bolero mambo Ya son las doce con el conjunto de su autor, Juan Bruno Tarraza, en Ventarrón (1950), vestido de traje, tocado por una cómica pajarita y sombrero de pajilla. O su actuación en Novia a la medida (1949): irrepetible su número a dúo con la rumbera Amalia Aguilar –La Remolino, su personaje en la cinta- y, sobre todo, en El baile del sillón, original del ya mencionado Carbó Menéndez, donde hace gala de simpáticos pasillos y acciones muy acordes con el guión. Todo ello, solamente, con canto y mímica.

Benny Moré en la película «Ventarrón»

Esa gestualidad de Benny Moré, su innata conexión melodía-ritmo-baile, fue su recurso luego, ya en Cuba, como director de su tribu, como cariñosamente la llamó: su Banda Gigante -nunca se identificó así en los discos, donde se escribía su Orquesta, a secas-. Carecía de elementos teóricos y técnicos para ser, siquiera, músico. Su empirismo, en cambio, le dictaba cuándo marcar las entradas y las salidas de los instrumentos, cómo acelerar o retardar el ritmo o el momento justo para los coros, a cargo de un novato Fernando Álvarez, a quien lanzó luego al estrellato, y de su inseparable pariente Enrique Benítez Conde Negro.

Pese a sus casi diarias apariciones en la naciente televisión cubana, principalmente en sus años de esplendor total (1953-1955), y al empleo del llamado kinescopio para retrasmitir los programas en las provincias -CMQ Televisión anunciaba una pomposa “cadena nacional” que no existía-, solo se conservan cinco interpretaciones en vivo de Benny ante las cámaras.

Muestra de cuanto aquí se expone se resume en dos de ellas:

En Batanga número dos (Justi Barreto), es impresionante ver a un osado director que no sube a un estrado, no porta una batuta y ni siquiera lee una partitura que, claro, no entiende. No dice una frase, mucho menos un chiste. Pero sus gestos al dirigir a una enorme orquesta de dieciséis profesores, de los mejores de Cuba en su época, destilan una comicidad casi hilarante. Sus músicos sabían perfectamente qué hacer ante un leve gesto de un brazo, de una pierna, o un grito a tiempo. Todos, con altísima preparación técnica, milagrosamente atentos a un hombre que jamás estudió música: la llevaba en sangre. Al pedirle el cierre a su tribu, y dicho sea de paso, Benny exclama: “¡Azúcar, azúcar!” Grito de guerra que muchísimos desconocedores, posiblemente hasta de mala fe, le atribuyen su invención a Celia Cruz…

Mi saoco, un son montuno de su creación y portador de un estribillo clásico del género (“Vertientes, Camagüey, Florida y Morón”), es, en esencia, una descarga. Se disfruta viéndolo, más que escuchándolo, que ya es decir. El arreglo es singular, modo que empleará en otras piezas musicales como Qué bueno baila usted o Maracaibo oriental. A partir del piano y el ritmo, ante la indicación de Benny cada músico se pone de pie y entra al ruedo. Con un leve movimiento corporal atiza el guajeo que quiere y, con la autoridad de un gran maestro, lanza una mirada muy sobria a sus cantantes mientras señala al micrófono: era ahí, ni antes ni después, donde debían entrar. Al llegar el solo de piano, alienta con un grito de los suyos a Eduardo Cabrera Cabrerita. En un momento de la improvisación en el teclado, la posición del pianista, de espaldas a las cámaras, le impide tener contacto visual con su director.

¡Qué escena!: este, cual si quisiera no ser sorprendido, mira de soslayo al camarógrafo mientras con la mano izquierda roza al pianista; este, metido de lleno en su embullo musical, no se da cuenta del llamado hasta que, sin contenerse, Benny toca dos veces al hombro de Cabrerita, al tiempo que le grita, casi al oído: “¡Negro!” Se vuelve entonces hacia sus músicos y les ordena levantarse de nuevo para subir la parada. Y es en ese momento donde se aprecia una genialidad: al indicarle la entrada al gran trombonista Generoso, alza su brazo y hace como si empujara la vara del trombón, consciente de que el sonido que necesitaba se obtenía así, halando el músico la vara hacia sí. ¡Increíble, en menos de cuatro minutos!

· “DILE A FRAGANCIA…”

Cuba entera celebra (no es la evocación de un fallecido, sino la presencia de un ídolo vivo) sus cien años. Nadie tema por el olvido. Y no solo en su Isla. Cientos de coleccionistas en todas partes rastrean en cuanto archivo escondido pueda existir, en busca de más, y más, pistas -nunca mejor usada esta palabra- del fugaz, pero ya eterno paso de Benny Moré, El Bárbaro del Ritmo, por la música identitaria de nuestros pueblos. Uno, por allá, encontró una entrevista radial donde Benny afirma: “Yo no empecé con Pérez Prado, ¡él empezó conmigo! Y nunca actuamos juntos. Solo grabamos”. Otro, hacia el sur, recogió un programa único en una emisora limeña (déjame que te cuente…) donde, al terminar una ejecución de la orquesta acompañante, dice al micrófono: “¡Se acabó la salsa!” -¿de dónde son los cantantes? Y uno colocó en la radio un registro único de Moré con una famosísima orquesta venezolana, allí mismo donde hirió a cabillazo limpio al empresario que le negó el pago para sus músicos -“¡Yo no cobro, pero la tribu tiene que comer!”-, fue a parar a la cárcel y recibió el apoyo de Bola de Nieve y el venezolano Alfredo Sadel para quedar en libertad.

Con todo, un hallazgo reciente toca a esta ciudad muy de cerca. En mayo de 2016, un internauta nombrado Gabriel Abstengo colocó en la red social YouTube una escena fílmica acerca de la cual comentó:

… estamos en presencia de una producción videográfica que nadie, absolutamente nadie, había publicado (…) ni había descrito con precisión quiénes la interpretaban. (…)

Ni siquiera en los créditos de esta producción cinematográfica de Emilio “Indio” Fernández, “El Mar y Tú”, filmada en Veracruz, (…) se menciona a Benny Moré y mucho menos a “Lalo” Montané Delfín.

Sin que esto parezca fatuo, solo por medio de nuestro oído musical, es que se logró identificar a ambos, sobre todo con la finalidad de hacer justicia al patrimonio nacional cubano y al del hermano Puerto de Veracruz, tan similar en sentimientos, folklore y costumbres a nuestra Cuba.[10]


[10] Gabriel Abstengo: Comentario en “Beny [sic] Moré: Pensamiento”. 24 de mayo de 2016. Disponible en YouTube.


Un Jorge Mistral abatido por los desengaños entra, tal vez de madrugada, a un bar de mala muerte. Busca “ahogar las penas” y ante la barra recibe consejos del barman (eufemismo llamarlo así en ese ambiente). Entretanto, las voces de Benny y Lalo se escuchan, durante toda la escena: “… dile a Fragancia que yo la quiero…” y una charanga como casi imperceptible acompañamiento…

Al decir del bolero homenaje, “no se agita su batuta ni flamea su sombrero”, atributos que solo asumió, tratando de escapar a la muerte, hacia el final de sus días.

Pero el Benny, Benny Moré, seguirá cantando…

· Sancti Spíritus, 7 de mayo de 2019.

FUENTES DE INFORMACIÓN

. Abstengo, Gabriel: Comentario en “Beny Moré: Pensamiento”. 24 de mayo de 2016. Disponible en YouTube.

. Carita de cielo. Ficha en: Festival Internacional de Cine de Morelia, 2019. Disponible en: https://moreliafilmfest.com. Consultado en: 6 de mayo de 2019.

. Díaz Ayala, Cristóbal: Cuba canta y baila. Enciclopedia discográfica de la música cubana. Vol. 2 (1925 – 1960). Miami (Florida International University), 2002. Disponible en: http://latinpop.fiu.edu

. Marrero, Gaspar: Presencia espirituana en la fonografía musical cubana. Sancti Spíritus (Ediciones Luminaria), 2007.

. Martínez Frausto, Ernesto: Entrevista con Tony Camargo. Veracruz, 8 de agosto de 2013. Disponible en: www.beta.elcuerpoaguante.com.mex Consultado: 6 de mayo de 2019.

. Ramón, Neysa: “Cueto, el último de los Matamoros” en Juventud Rebelde (La Habana), 3 de febrero de 1985, p. 4.

. Reyes Fortún, José: El arte de Benny Moré. Ofrenda criolla ii. La Habana (Ediciones Museo de la Música), 2009.

. Sánchez Alvarado, Dionisio: “Entrevista a Humberto Cané” en programa Sábado, ritmo y sabor, X.E.R.E.D. Radio Red (Ciudad México), 15 de septiembre de 1993.

. The Strachwitz Frontera Collection of Mexican and Mexican American Recordings. Studies Research Center, The Arhoolie Foundation, and the UCLA Digital Library, Universidad de California, Los Angeles, 2015. Disponible en: frontera.library.ucla.edu

. Vida de Tun Tun. Disponible en: http://www.tampico-online.com/tampico/tuntun.shtml

. Viudas del jazz (1942). Ficha en FilmAffinity, España. Disponible en: https://m.filmaffinity.com. Consultado en: 6 de mayo de 2019.

ESCRITO: GASPAR MARRERO

EDICIÓN: ANGELINA MEDINA

SECCIÓN ORIGINAL DE HERENCIA RUMBERA RADIO

LIMA-PERÚ

AGOSTO 2019

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *