UN DANZÓN DE DUARTE PARA LOS MÚSICOS

Si se revisa la historia musical de Cuba, es fácil darse cuenta de que no es posible encasillar en etapas individuales los géneros que surgieron en la isla durante los siglos diecinueve y veinte. Contrariamente a lo que pudiera suponerse, las nuevas formas no sustituían ni opacaban a las precedentes, sino que eran capaces de coexistir, de convivir. Eso otorgó a la música creada en Cuba un amplísimo espectro genérico donde compartían espacios el danzón, el son, la guaracha y el bolero, la rumba, la conga, el mambo y el chachachá. Por esa razón, al llegar los últimos años del decenio de 1950, todavía recibían gran acogida piezas musicales enmarcadas en géneros que parecían olvidados. Después del danzón Bodas de oro, que, según se afirma, fue el último danzón popular que se compuso en Cuba, el maestro Ernesto Duarte creó un danzón que, inusitadamente, despertó el interés de todos sus colegas. Se dice que fue un danzón hecho para músicos. En COSITAS QUE TIENE CUBA, la gran Orquesta de Ernesto Duarte en el danzón de su director: Cicuta tibia.

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