Editorial por Tommy Muriel para Hablando En Clave®

Mucho se ha hablado sobre las recientes declaraciones del maestro Willie Colón sobre sus criticas hacia NARAS. Y, en específico la omisión del aporte de grandes de la música hispana – como el caso del recientemente fenecido mago de la consola Jon Fausty – y cuestionando si es ético que una abierta fotocopia de una producción suya de hace 45 años atrás se alce con el premio Grammy cuando el original fue descaradamente ignorado en su momento. Sí, el hoy mítico álbum “Siembra” que consagró en definitiva al hoy igualmente legendario Rubén Blades. ¿No lo vio? Ahí está el enlace.

Y por supuesto, no es sorpresa ninguna la mar de opiniones en pro y en contra de esta postura, incluyendo uno que otro despectivo “ah, este es un viejo amarga’o, que se retire con dignidad” o incluso “la envidia mata.” Cada cual tiene su opinión y su derecho a ella, eso es cierto. Claro, eso sí, en estos tiempos de tiktok donde el fanatismo es ley, a nadie le gusta leer más de un párrafo y filmarse uno mismo hablando o haciendo payasadas – o incluso mostrando hasta las amígdalas – te convierte en famoso o influencer, también es común leer y escuchar gente disparando de la baqueta sin conocer la historia y basándose solo en su propio fanatismo y como rezaba un soneo en “Según El Color,” aprende mi filosofía, que no hay más opinión que la mía. Si usted es de estos últimos que la retina le falla al ver un tercer párrafo, le ahorro el tiempo y voy directo al tópico: si bien es cierto que Blades compuso seis de las siete canciones que componen el álbum original de 1978 – y la fotocopia lanzada en 2023 – lo cierto es que “Siembra,” ese mítico álbum del ’78 NO hubiese sido posible sin Willie Colón. Incluso voy más lejos: Rubén Blades no sería el ícono que hoy es sin la intervención directa de Willie Colón. Listo, regrésese a tiktoklandia y conserve sus neuronas. Pare de leer.

La semilla va primero.


¿Sigue aquí? Ok, usted es de los míos entonces. Venga el tercer párrafo, pues.
Como dice mi mentor y hermano Jaime Torres-Torres, la historia no miente. Si bien es cierto que Blades aventaja en edad a Colón, lo cierto es que las carreras de ambos comenzaron paralelamente el mismo año 1966. Colón entonces un incipiente trompetista y trombonista de pistones de 15 años y que le gustaba guapear en el registro alto a lo Víctor Paz y también guapear a puño limpio si tocaba hacerlo – y un labio partido en medio de una de esas peleas lo obligó a dejar la trompeta y seguir a tiempo completo en el trombón con todo y mala embocadura. Blades, por su parte, influenciado por el Cheo Feliciano de sus tiempos con Joe Cuba y, claro, por el bagaje musical que ya existía en su propia casa – su padre Rubén percusionista, cantante y bailarín; su madre Anoland pianista y también cantante – daba sus primeros pasos en su natal Panamá con el recordado grupo Los Salvajes Del Ritmo como cantante.

Willie Colón en sus inicios
Rubén Blades con Los Salvajes del Ritmo

Las carreras de Colón y Blades se cruzan por primera vez en 1970 cuando el primero, ya saboreando el éxito por primera vez con su álbum “Cosa Nuestra” y el super éxito “Che Che Colé,” llega de gira con su banda a Panamá. Es aquí donde Blades conoce a Willie y a su entonces cantante Héctor Lavoe e intercambian expresiones, Rubén incluso presentándole varias composiciones suyas a ellos. Meses después, y de nuevo en historias en paralelo, mientras Colón y Lavoe en agradecimiento a la acogida que tuvieron en el país istmeño grabaron “La Murga” en su hoy antológico primer “Asalto Navideño,” un arriesgado Rubén decide viajar a Nueva York a probar suerte y siendo reclutado por el empresario Miguel Estivill para el sello Alegre y grabando con la orquesta del legendario pianista Pete Rodríguez el hoy clásico de culto “De Panamá a Nueva York,” álbum que en su momento pasó prácticamente desapercibido y donde incluso Rubén menciona a Willie en uno de los soneos del tema “Los Bravos,” su homenaje a motu proprio a los grandes de la escena neoyorquina de ese entonces. Luego de esta primera aventura Blades se regresa a su Panamá natal a completar su grado en leyes.

Willie Colón su orquesta con Héctor Lavoe en Panamá, febrero de 1970.
Carátula del álbum “De Panamá a to New York” del pianista Pete Rodríguez

Ambos caminos se vuelven a cruzar en 1974. Willie Colón aterrado por las agujas e inyecciones mandatorias decide no tomar el vuelo a Kinshasa como parte del elenco de la Fania All-Stars para ese histórico festival Zaire ’74 en suelo africano. En cambio, decide acuartelarse en los entonces estudios Good Vibrations en Nueva York para grabar las bases de su álbum de transición “The Good, The Bad & The Ugly.” Rubén Blades ya en este entonces se regresaba en definitiva a Nueva York empezando de cero trabajando en las oficinas de Fania Records y donde lo descubre Ray Barretto, quien lo incorpora a su orquesta. Eso sí, contrario a lo que ocurrió en su primera aventura neoyorquina 4 años atrás, esta vez cayo para’o, parafraseando el título de una de sus composiciones más recientes. Jerry Masucci, flamante presidente del sello – y a quien hoy día Blades resiente y con todas las razones válidas para ello – vio el potencial en él al punto de incluirlo en la rotación de cantantes de la Fania All-Stars sin ser solista y menos tener un nombre propio aún, esto en las sesiones del álbum “A Tribute To Tito Rodríguez,” el cual se lanza dos años después. Blades le presenta a Colón en esa sesión de septiembre del ’74 el tema “El Cazanguero,” el cual escribió en sus tiempos de estudiante de leyes en Panamá y a Willie le gustó, montándole un arreglo propio y grabándolo en esa sesión con una orquesta agrandada. El tema debió grabarlo Lavoe a su regreso del Congo – entonces Zaire – pero Héctor no estaba cómodo con la letra, así que Colón decidió que el propio Rubén la grabara para que los soneos tuvieran más sentido. Y es así como se concreta el primer producto en conjunto de Blades, entonces aún vocalista de Barretto, con la orquesta de Willie. Curiosamente, este álbum fue la primera nominación de Willie al Grammy – y por ende la primera de Rubén como parte del elenco. Como es sabido, el ganador ese año lo fue Eddie Palmieri.

Llega enero de 1976 y con Ray Barretto a pie firme desbandando su orquesta para apuntar a aun mayor altura con el sello Atlantic, Blades se queda sin trabajo. Y es aquí donde Masucci busca acomodar a Rubén en cualquiera de las orquestas que tenía bajo catálogo con Fania – sí, aquí es donde cabe esa hoy famosa anécdota donde Masucci se atrevió a proponerle a los Lebrón Brothers que lo incorporaran buscando una esquina más comercial, lo cual le cayó fatal a los cinco hermanos, tildando la movida de racista e incluso tirándole puyas al propio Rubén sin mencionarlo por nombre en el tema “Disco Bailable.” Larry Harlow, quien entonces impulsaba a su entonces cantante Junior González a abrirse paso como solista, acogió a Blades como interino por un tiempo – y esto explica a su vez como Blades terminó grabando el grueso del álbum “La Raza Latina” toda vez que Néstor Sánchez, el eventual sustituto de Junior, no pudo completar la sesión por su contrato aún vigente con Rico Records y Tony Pabón. Entonces, y en una movida magistral de Masucci, la propuesta de rigor se le hizo al propio Willie Colón, quien entonces no tenía cantante (incluso se estuvo negociando con un cantante venezolano como sustituto de Lavoe). Colón, quien no estaba del todo convencido de acoger al entonces llamado clon blanco de Cheo como su nuevo cantante, finalmente accedió, pero bajo sus propios términos, insistiendo en sus arreglos a que Blades usara más su registro agudo. A fin de cuentas, y algo que Willie sí vio en Rubén y a lo que le puso mayor énfasis, lo era el que Rubén venia con ideas frescas y algo más que decir, mucho más allá del escapismo que dictaba la música bailable y la industria salsera como tal en ese entonces. Surge así el primer álbum oficial del binomio: “Metiendo Mano,” donde, y en otra movida crucial de Masucci, el álbum sale acreditado como Willie Colón presenta a Rubén Blades. En otras palabras, y en una deferencia que no la recibieron ni el propio Lavoe ni Adalberto Santiago en sus tiempos con Barretto por mencionar apenas dos casos, Masucci presentó a Rubén desde el saque con nombre propio y no como el nuevo cantante de la orquesta de Willie – entiéndase Willie Colón, vocal: Rubén Blades o simplemente Willie Colón a secas. [En ese entonces y contrario a hoy en día donde todo es pa’l cantante, se respetaban los nombres de las orquestas y los rangos de los directores. Nunca se trató de Junior Toledo con la orquesta de Willie Rosario, Oscar D’León con la Dimensión Latina, Andy Montañez con El Gran Combo o Santitos Colón con la orquesta de Tito Puente, por mencionar ejemplos obvios.] De nuevo, Rubén cayó para’o. El concepto gustó, el álbum fue un éxito y Blades por fin comenzaba a disfrutar del éxito a nombre propio. Y el estar ligado directamente al caballero que en ese entonces literalmente cargaba a Fania Records como el mayor vendedor de discos tampoco molestaba en lo absoluto.

La siembra.

Llega 1978 y la sociedad Colón-Blades seguía siendo exitosa, aunque durante este tiempo ambos también grababan por separado. Willie venia de, en palabras suyas, su salto a las grandes ligas con el exitoso primer álbum con Celia Cruz – y en mi opinión merecedor de al menos una nominación al Grammy ese año ’77 – “Solo Ellos Pudieron Haber Hecho Este Álbum,” un arriesgado álbum enteramente instrumental de nombre “El Baquiné De Angelitos Negros” y de regresar en grande a su compadre y ahora solista Lavoe a las primeras planas con el álbum “Comedia,” donde casualmente el tema insignia “El Cantante” es una composición de Blades. Y paralelo a esta nueva sesión con Rubén, Willie se disparaba su proyecto más ambicioso hasta la fecha: un álbum de salsa sinfónica donde él mismo hacía su debut formal como cantante: el hoy antológico “Solo,” lanzado al año siguiente. Blades, por su parte y mención aparte de los temas que grabó en ese periodo con la Fania All-Stars y de infinidad de sesiones del sello donde aportó como corista, se apuntaba un éxito como invitado de Louie Ramírez con el tema “Paula C” y que, aun al sol de hoy, muchos erróneamente identifican como un éxito grabado por Rubén como solista.

Es en estas circunstancias que Rubén propone el contenido del siguiente álbum, uno donde la crítica social y política sería eje central. Después de años proponiendo este tipo de temática a otros artistas bajo Fania sin éxito – el único que lo entendió aparte de Colón fue Ismael Miranda quien le grabó su “Cipriano Armenteros” en 1975 – Rubén se sentía en condiciones de dispararse esta maroma finalmente. Y, pese al recelo en contra de la plana mayor del sello, Willie defendió la postura de su cantante y dijo que el proyecto va porque va. [Imagine usted ahora cuan diferente fuese esta historia si Willie en lugar de asumir esta postura en 1978 hubiera bajado la cabeza y le hubiese hecho caso a Masucci…] Sin limitaciones de tiempo ni nadie ajorando desde la consola – uno de esos privilegios que Willie ya se gastaba como máximo vendedor del sello – el proyecto se fue concibiendo. [Johnny Pacheco, describiendo a Willie en 1996 en entrevista en suelo colombiano: “El hombre tiene unas ideas raras…. Pero todo lo pega.”]

Willie no escatimó en recursos, aportando un arreglo suyo a la sesión – “María Lionza” – y delegando en los maestros Luisito Cruz y Luis “Perico” Ortiz el grueso de los arreglos de esta sesión, así como el tema que finalmente dio título al álbum en manos del maestro argentino Carlos Franzetti. También hubo una que otra anécdota jocosa, como el famoso solo de boca de Blades imitando un tres cubano en “Buscando Guayaba” ante la ausencia de un Yomo Toro que nunca llegó al estudio, el contratar en tiempo récord a una sección de cuerdas para grabar en igual tiempo récord un arreglo que el propio Franzetti sometió a último momento para su tema a petición del propio Willie y la pelea que tenían el adolescente timbalero Jimmy Delgado y el bajista Sal Cuevas durante la grabación de este mismo arreglo de Franzetti: Jimmy tratando de mantener el tiempo estable y Sal acelerándolo a propósito porque tenía que salir corriendo a otro estudio a grabar una cuña comercial, esto a su vez explicando la presencia del hoy inmortal Eddie “Guagua” Rivera como bajista alterno. Desde luego que hubo otros cambios – el infaltable tema romántico en el caso de “Dime,” tema que para muchos contrasta con el resto del álbum pero que al final quedó incluida – y una que otra concesión que al final resultó innecesaria, como el ya casi obligatorio original cubano, en este caso el tema “El Telefonito” de Silvestre Méndez y que al final tras grabado se pospuso para un álbum posterior, y el ya casi obligatorio merengue que todos incluían en sus discos en ese entonces y que en este caso lo fue un tema originalmente titulado “La Espera,” el cual finalmente se descartó y tres años después con cambio de arreglo, ritmo y titulo lo conocimos como “Ligia Elena.”

En fin, de todo esto surge el consagratorio álbum que salvó al propio sello Fania de un declive más temprano ese mismo año cuando su boom mediático ya se hacía insostenible y el que hoy por hoy – independientemente de que haya sido ignorado descaradamente por NARAS ese año – sigue siendo el álbum mayor vendido en la historia de la salsa como género: “Siembra.” La cosecha, pues, era inminente; las peleas también.

La cosecha.

De las fricciones que hubo eventualmente entre Rubén y Willie tras “Siembra” y un reto aun mayor con el polémico proyecto “Maestra Vida” ya hemos hablado en otras ocasiones y no los voy a cansar repitiendo todo ese drama de nuevo. En todo caso, los refiero a un post anterior donde me concentro en los últimos años de Rubén con Fania y con la orquesta de Willie, para el que quiera mantener la historia en perspectiva.

En 2003 y tras hacer las paces para celebrar el 25 aniversario del lanzamiento original de “Siembra” con un magno concierto, la relación entre Willie y Rubén toma un giro aun mas nefasto cuando tras surgir problemas graves tras bastidores – los cuales uno de los productores, Robert Morgalo, los narra en su libro “Decisiones” – el trombonista demanda a su excantante por incumplimiento, paso que al sol de hoy parece haber roto esa alianza de manera formal y firme. O al menos de parte de Blades sigue siendo así. Desde entonces las carreras de ambas leyendas van por caminos tan paralelos como distintos. Mientras Willie por un lado ha dejado prácticamente a un lado su carrera como músico salvo por varias giras – no graba desde su álbum independiente de 2008 “El Malo II: Prisioneros del Mambo” – y concentrándose en su activismo político (faceta que le ha ganado infinidad de detractores, especialmente aquellos que no le perdonan sus cambios de postura o su reciente afiliación al culto del semidiós naranja), Blades tras su fallida aspiración a la presidencia de su país y un prolongado término como su ministro de turismo (que a su vez también le trajo su buena cuota de detractores en suelo patrio por aquello de que nadie es profeta en su tierra) ha seguido su carrera musical con varias propuestas, así como diversificando su resumé con una destacada carrera como actor en Hollywood y completando su grado en leyes en la prestigiosa universidad de Harvard.

Y con esto brincamos al pasado año 2022. Blades, quien aparte de una prolongada sociedad con su paisano Roberto Delgado y su orquesta ha seguido regrabando su cancionero de los 70’s con miras a librar sus composiciones – y regalías – de las manos de Fania Records, propone un magno concierto en Puerto Rico celebrando el 45 aniversario de “Siembra.” Para este concierto, el cual se filmó y grabó, Rubén, Delgado y compañía fueron directos al decir que tocarían el repertorio del álbum en el mismo estricto orden en que se publicó en 1978, la única diferencia siendo la presencia física del maestro Luis “Perico” Ortiz como invitado. Perico es precisamente quien como arreglista aportó dos de los principales batazos de la sesión original: el tiro de salva “Plástico” que inicia ese álbum con una introducción falsa a ritmo de hustle (disco music) antes de los primeros tiros de Blades criticando la superficialidad y el culto a la imagen, y el hoy infaltable “Pedro Navaja,” transposición en clave del “Mack The Knife” y donde el protagonista y matón de esquina recibe su karma de manos de una prostituta armada – y a su vez una clase magistral por parte de Perico de como arreglar un tema relativamente largo en función de la letra, yendo de menos a más hasta llegar a su clímax a swing completo. Y, al igual que la reciente racha de álbumes grabados recientemente por la dupla Blades/Delgado – “Salswing,” “Son de Panamá” y “Salsa Big Band” – el álbum editado de este concierto en 2023 también se alzó con el favor de un NARAS que hoy en día premia más el nombre y popularidad de un artista que el contenido de los álbumes en sí. Sí, irónico como suena, mientras el clásico original y verdadero de 1978 fue descartado de plano, su contraparte grabada en vivo 45 años después sí se alza con un Grammy que suena más al reconocimiento al nombre de Blades el actor de Hollywood que al mérito de su contenido.

Y es en énfasis a esto ultimo que viene el reclamo del principal ignorado y omitido en esta trama y cuyo video ven al inicio de este editorial. Un reclamo tan valido por parte de Willie como el justo derecho de Blades a reclamar sus justas regalías regrabando sus propias composiciones, como lo ha venido haciendo desde tan temprano como 1988 cuando regrabó su “Cipriano Armenteros” con 6 Del Solar. Donde quizás sí terminarían devaluándose los reclamos de parte y parte – sí, Rubén también contestó el video de Willie exponiendo su propio punto de vista – sería si ambos se fueran a lo personal, como producto de los años largos de riña personal entre ambos. Si bien en sus declaraciones Rubén sí agradeció el aporte de Willie y del resto del personal (músicos, arreglistas y personal técnico) de la sesión original, no pudo evitar dejar una pizca de sarcasmo casi cuestionando a lo José Luis Cortés, “¿por qué tú sufres con lo que yo gozo?

Ahora bien y volviendo al punto, ¿que sea legal que Blades someta para el Grammy una copia fiel y exacta grabada en vivo de un álbum lanzado 45 años atrás? Claro que lo es. ¿Qué sea esto ético, máxime omitiendo unilateralmente el crédito de su verdadero productor original? Ya esto queda a discreción de usted que me dio la deferencia de leer esto hasta el final. ¿Qué se justifique el que NARAS premiara dicha copia fiel y exacta 45 años después de pasarse el clásico original por donde no entra el sol? Sería interesante ver como los todopoderosos jueces de la música a nivel mundial explican esta pifia en blanco y negro y con cara seria… ¿Mi conclusión? Ya la expuse en el segundo párrafo de este editorial, pero como usted es de los buenos no lo voy a hacer subir allá arriba y lo repito aquí: Sin Willie Colón NO hubiera “Siembra.” Y sin su orquesta, arreglistas y personal técnico a bordo tampoco hubiera sido posible este clásico. Y el mito y leyenda musical que hoy todos conocemos como Rubén Blades posiblemente tampoco. Y este escrito que recién concluye, así como ese álbum en vivo que ganó el Grammy este año y principal beneficiado de esta controversia, tampoco existirían.


Lo dijo Jaime, la historia no miente. ¡Conciencia, familia!